Juan Pablo Montoya va, no viene

Me parece que, de todas partes, se están apresurando demasiado con Juan Pablo Montoya. Quizás él mismo haya caído en la trampa del avance sin barreras, no llegando a comprender que el camino dentro de la Fórmula Uno debe ser progresivo y en...

Me parece que, de todas partes, se están apresurando demasiado con Juan Pablo Montoya. Quizás él mismo haya caído en la trampa del avance sin barreras, no llegando a comprender que el camino dentro de la Fórmula Uno debe ser progresivo y en etapas. Se preguntan en muchos lugares qué pasa en relación a Montoya y el siempre recordado brasileño Ayrton Senna. Cuando Juan Pablo llegó a la CART y se lo pudo ver por televisión manejando en los circuitos callejeros y semipermanentes por los que alterna esa categoría, creo que mucha gente tuvo la impresión a través de las imágenes que transmitían las cámaras colocadas en el cockpit de su Reynard Honda del 99, de que su estilo y el del recordado piloto paulista eran muy parecidos, sobre todo en cuanto a temperamento y agresividad. Eso sí, por las diferencias entre esta categoría, que también transitaba miles de millas en trazados ovalados de alta velocidad y la F1, técnicamente tan disímil, no era nada fácil hacer una apuesta a futuro, para cuando Frank Williams lo rescatara de nuevo y lo pusiera en la máxima vidriera del automovilismo internacional.

Nada que ver una cosa con la otra. El caso excepcional de Jacques Villeneuve no parecía ser factible de ser repetido, porque los tiempos eran diferentes y las realidades también distintas. Por otra parte, Montoya solamente recordaba -y recuerda todavía- al Ayrton Senna impetuoso, temperamental y agresivo de sus comienzos. Punto y aparte.

Ahora, otra cosa que es muy importante. No lo apuren a Montoya, ni siquiera trate de avanzar él mismo tan ligero, porque la F1 es todo un proceso que lleva su tiempo. Los niños prodigio en esta categoría nunca llegaron a buen puerto. Michael Schumacher debutó en 1991 y fue campeón del mundo recién en 1994; el propio Ayrton Senna llegó a la especialidad en 1984 y se coronó cuatro años después. Montoya recién está en la mitad de su segundo año y ya le están pidiendo que destrone al nuevo posible quíntuple campeón del mundo, quien además tiene tras de sí el mejor equipo del momento, por una distancia sideral y acumula más de un lustro de experiencia sobre sus espaldas.

Montoya es Montoya, un excelente piloto con todo el tiempo del mundo por delante y sin ningún apuro de por medio. Tiene en sus manos los elementos más que suficientes para llegar a ser un grande cuando se conjuguen todas las cosas que todavía tendrán que conjugarse para que eso sea verdad y no una ilusión.

Déjenlo llegar a Montoya, no le pidan más de lo que puede y debe dar porque es absurdo. Es probable que ni él haya tomado real conciencia de lo que significa estar en la F1 y lo que es un trabajo evolutivo a mediano y/o largo plazo. El propio Montoya está queriendo llevar su nombre y su bandera más allá de lo que lógicamente puede y eso es malo, porque comete errores, porque en lugar de aprender se equivoca y esa no es la mejor forma de avanzar. En cualquier actividad, el error es una manera de aprender, pero en la Fórmula 1 se paga demasiado caro. El negocio y el gran show de la Fórmula Uno necesitan de alguien que haga temblar el imperio de Michael Schumacher y de quien viene a su zaga, Little Schuey, como le dicen a su hermano Ralf. Por supuesto que ni Rubens Barrichello, ni David Coulthard, ni Kimi Raikkonen, ni ningún otro, han dado por el momento muestras de tener las uñas de guitarrero que se precisan para tal empresa.

Entonces hay que agrandarlo de golpe a Montoya y mandarlo al frente, una propuesta más que interesante y tentadora en la que Montoya cayó desde el primer día que fue capaz de hacerle un "sorpasso" al número uno indiscutido de la Ferrari.

Creo en el colombiano como un proyecto a futuro, pienso que hoy es el piloto mejor dotado conductivamente para aspirar a más de un título, pero me parece que está jugando con fuego, al vicio nomás, porque lo suyo es una cuestión de oficio y de "astros conjugados". Con esto último quiero significar que nadie salió nunca campeón del mundo (ni siquiera Fangio), sin tener el mejor chasis, el mejor motor y las mejores gomas. Y Montoya carece por el momento de esa conjunción, de la misma manera que le faltó al Jim Clark del 60 al 62, al Jackie Stewart del 66 al 68, al Alain Prost del 81 al 83, al Ayrton Senna del 85 al 87 y al Michael Schumacher del 92 y el 93.

Con coraje solo y habilidad conductiva no se llega a la cima porque estas son, ante todo, carreras de autos. Ya alguien podría habérselo hecho saber a Juan Pablo Montoya, para que tenga un poco de paciencia, nada más.

-Eduardo Colazo

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Series Formula 1
Drivers Juan Pablo Montoya
Teams Ferrari , Williams